Comienzo esta nota sin fecha, porque para ti el tiempo tiene un transcurrir particular, lo percibo sereno y rítmico, y sobre todo sin saltos de agobio. Corroboro esta percepción cuando disfrutas del calor matutino del sol que te hacer cerrar tus ojos maravillosos de miel y almendra y olvidar todo lo que te rodea, timbres, apuros, retardos, pruebas, afanes cotidianos típicos de una escuela.
A tu sorpresivo arribo no tuve mucha creatividad, ni siquiera asertividad para nombrarte, tu pelaje negrísimo me llevó al nombre de Carbón… palabra que te regale sin pensar en tu género, y que a todo el que te conoce le lleva a la tonta pregunta: ¿pero, no es hembra? Sin embargo hoy no imagino otro apelativo que te siente mejor, creo que a ti también te agrada, lo digo por lo rápido que mueves la cola cuando te llaman por tu nombre.
Tenerte es una lección diaria de vida sencilla y amorosa. Cuando llegaste muchos te huían, y agredían por tu pelaje maravillosamente azabache, aceptable para un caballo, pero aterrador y satánico en un felino. Tu dulzura tardó meses en hacerlos cambiar de opinión y verse un día sorprendidos brindándote una caricia, y conversando contigo.
Me maravilla tu independencia cuando quieres retozar en el jardín y perseguir pájaros, que es la misma que cuando quieres estar sentada al calor del teclado alterando mis documentos, sin remordimiento alguno.
Carbón, tu permanencia silente en mi mesa de trabajo, mientras paseo mis ojos por signos vacios de significado para ti, me brinda una sensación de compañía que no puedo describir, los movimientos suaves de tu cola sobre mi brazo son para mí, muestra de tierno afecto que invita a la paz. Tu respirar sereno y la quietud de tus bigotes muestran que te sientes gratamente protegida, ha desaparecido el sobresalto de los primeros días cuando llegaste confundida y agitada, huyendo de un zapato y una piedra, que malévolamente querían alcanzarte.
Me has inspirado a la reconciliación con mi pequeño mundo, pues como ser de ciudad vivo la magia de la naturaleza, desde la televisión y el periódico donde recomiendan que seamos ecológicos y amorosos con el planeta.
Tu naturalidad me ha motivado a revisar mi esencia y mi ser como parte del todo. No puedo educar “para”, necesito educar “en”; me explico, no se puede educar para el respeto y la honestidad, en abuso y en falsedad, simple principio pedagógico que tenía traspapelado en medio de tanta labor administrativa, gracias por eso.
Mi negrita, te escribo porque me has demostrado al estar ronroneando pacientemente día a día, mientras trabajo, que el amor trasciende las formas físicas y se puede sentir alegría, preocupación o nostalgia cuando al silbido matutino no se escucha tu acostumbrado ¡Miau!
Hay que conocer a Carbón para realmente entenderla...
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