Cuando se utiliza el idioma sin verdadera importancia,
pierde su finalidad como medio de comunicación
y se convierte en un fin en sí
mismo.
Karl Theodor Jaspers
La
fuerza que siempre ha movido a la humanidad, es el pensamiento. El hombre actúa
de acuerdo con sus pensamientos. Quien piensa egoístamente, obra egoístamente.
La ambición, la avaricia y el ansia de fama, poder y riqueza han pervertido la
mente humana y han desviado los logros del hombre en dirección a objetivos
materialistas, consumistas, arrebatándole su paz interna, su alegría y en
consecuencia su salud mental y física. Esta forma de pensar, ha limitado el
pensamiento y accionar humano. Hoy en día, poseemos muchas cosas y estamos
convertidos en coleccionistas de cosas inútiles a la vez que no sabríamos tener
sentido de la vida sin ellas.
Sería
pertinente afrontar una revolución del pensamiento. Es preciso estimular el
pensamiento positivo, así como una idea amplia y profunda de colectivo. Se
requiere asumirse como una especie, como una macro-comunidad, puesto que la
vida del planeta a todos nos concierne. Necesitamos eliminar la visión
fragmentada y reconfigurarnos en la unidad de la que todos formamos parte.
Podría ser que esta atmósfera psíquica contagie pensamientos similares entre
unos y otros para superar las crisis de individualidad, explotación y pobreza
que estamos enfrentando.
Se
vive un momento, en el que creemos que la felicidad se alcanza cuando hemos
satisfecho algún deseo. Sin embargo, el estado de efervescencia mental no para,
pues a cada deseo satisfecho, se generan nuevos deseos.
La
paz social, tan demandada, se percibe lejana, ya que solo se conseguirá cuando
los individuos que constituyen la sociedad, encuentren sosiego a sus deseos y
pasiones.
La
paz es algo más que la ausencia de guerra, es una experiencia individual desde
la mente de cada individuo. Aún, un deseo de pacifismo puede arrastrar al
conflicto, al enfrentamiento, a la intolerancia, si no es deseo común. Decir
que la paz social es una utopía, es no empezar nunca a andar el camino para
alcanzarla.
A quien
de veradad le interese la paz, le tiene que interesar igualmente el diálogo.
Cuando la mente vibra en alta frecuencia, se potencia el deseo y se manifiesta
en modo violento. En otras palabras, se estimulan mecanismos de agresión, la
disuasión externa puede temporalmente reprimirlo, más la violencia interna
contenida, es suficiente para evitar cualquier posibilidad de paz. Puede, los
sistemas policiales y militares, dar un marco de paz, pero para alcanzarla
realmente, la sociedad debe revisar sus modelos educativos.
La
expresión de desarrollo, paz y crecimiento de una sociedad, es producto de su
educación, sus principios y valores. El proceso, de paz en una sociedad, para
que sea efectiva, debe tener la dirección interno-externo.
Hay
que trabajar para construir una sociedad direccionada a este fin, hay que hacer
un esfuerzo positivo por intercambiar superficiales, formalismos,
pronunciamientos y discursos que carecen de origen: la paz.
Como
seres racionales, poseemos una cualidad única que nos aventaja sobre todas las
criaturas: el lenguaje, que es producto del pensamiento. Que nos hace capaces
de memorizar, crear, definir y procesar información. Sin embargo, esta no es
más que un sistema de referencia que puede resultar de ayuda para el análisis y
la reflexión, pero que por sí sola no crea. Esto parece ignorarlo el sistema de
educación occidental, que pondera la información sobre la habilidad de pensar,
considerando aventajado a quien más datos almacena, aunque no los reflexione.
La
información es útil cuando el individuo puede filtrarla y adaptarla a su propia
experiencia, en todos los demás casos constituye una programación inútil. Las
distintas actividades intelectuales, deberían estimular y potenciar la
reflexión, la creación, la innovación, la evaluación y la crítica a la
información existente. Solo un ejercicio reflexivo, podría encaminar a la
sociedad hacia la transformación de paz y justicia que demanda.
Una
sociedad del siglo XXI, tiene infinitas herramientas para canalizar sus
inútiles valores de individualismo, por un sentido de bienestar colectivo. Los
medios de comunicación masiva, pensados y empleados desde el bien común, son
indispensables.
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